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COMUNICADO DEL RECTOR |DICIEMBRE 2018

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"Necesitamos ciudadanos con carácter, capacidad crítica, espíritu de colaboración, entre otros rasgos morales; la apuesta es fuerte: se trata de construir dentro de nosotros una cultura que no existe fuera, pero es el único camino que nos queda ante la pérdida generalizada de la percepción del bien y del mal".

Ciudad de México a 3 de diciembre de 2018

Estimada comunidad IEE:

Luego de leer alguna obra de la literatura universal, nos queda la sensación de haber asistido a un momento que, aunque imaginario, nos muestra el perfil de personajes sobresalientes que cumplieron con vidas fuera de lo común. Dentro de los géneros literarios existe la epopeya, composición que cuenta las hazañas de personajes heroicos, pero también la etopeya, figura que describe los rasgos morales de una persona como su carácter, virtudes y cualidades.

Una epopeya memorable se logra sólo con una etopeya sólida; las grandes conquistas inician con el señorío sobre sí mismo del individuo. Primero forjar el carácter del hombre, su forma de ser (ethos) y lo demás vendrá por añadidura.

Más no es sólo en la literatura como funcionan así las cosas, sino en la vida misma; muchos de los personajes ‘imaginarios’ de obras literarias famosas, están inspirados en personas de carne y hueso. Tenemos, por ejemplo, al español Pedro Serrano, marino cuyo barco naufragó hacia 1526 y estuvo ocho años aislado del mundo en un banco de arena hasta que un navío le rescató. Y a Alexander Selkirk, marinero escocés que duró más de cuatro años varado en una isla desierta de Chile. Ambos ejemplos dieron vida a Robinson Cruzoe (1719), el personaje que catapultó a la fama como escritor a Daniel Defoe.

Con la colonización española llegó a Colombia Gonzalo Jiménez de Quesada, quizá el único de los conquistadores que además era un intelectual. Descubrió las virtudes gastronómicas de la papa, y también el petróleo en América, aunque en aquel entonces no tenía mucho valor, pues sólo servía para calafatear barcos. Pues bien, en él se inspiraría Miguel de Cervantes para concebir la figura de Don Quijote, porque sus descabelladas aventuras, a pesar de ser de buena voluntad, solían terminar en desastre.

El teniente coronel Percy Harrison Faucet, explorador británico desaparecido en 1925 en circunstancias extrañas en la selva de Brasil, dio lugar a la creación del doctor ‘Indiana’ Jones, personaje que llegaría a la pantalla cinematográfica en la década de los 80’s del siglo pasado con una saga exitosa. Y hasta Víctor de Aveyron, el niño salvaje capturado en Francia en 1800 parecería haber inspirado a ‘Tarzán de los monos’ que vio la luz en 1912. Podríamos seguir con muchos ejemplos más, pero baste con los anteriores para demostrar que la realidad supera siempre cualquier ficción.

Por eso ahora que terminaremos año e inicia un periodo sexenal, recordemos que no se necesitan ni recetas fantásticas ni personajes todo-poderosos para cambiar la realidad, primero la etopeya y luego la epopeya dijimos.

Necesitamos ciudadanos con carácter, capacidad crítica, espíritu de colaboración, entre otros rasgos morales; la apuesta es fuerte: se trata de construir dentro de nosotros una cultura que no existe fuera, pero es el único camino que nos queda ante la pérdida generalizada de la percepción del bien y del mal.

Platón nos explicó que la polis es un ‘macroántropos’, es decir una magnificación del individuo, con sus virtudes y defectos, mientras el ser humano es una ‘micrópolis’ o representación individual de la polis, también con sus virtudes y defectos; están en íntima relación. Si queremos mejorar al Estado, es indispensable que mejoremos como individuos, pues nadie lo hará por nosotros.

Hacer para cambiar una realidad desastrosa es lo ideal, pero también hacer para evitar que ese mundo poco admirable me cambie a mí.

Salvador Leaños

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