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COMUNICADO DEL RECTOR | ENERO 2018

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"Hace apenas unos días concluyó el 2017, un año más que se sumó a la historia de nuestra institución y de nosotros mismos. Seguro que en ese periodo hubo retos, logros y fracasos que nos dejaron enseñanzas, como suele pasar al hacer un recuento del ciclo que terminó."

Ciudad de México a 4 de enero de 2018

Estimada comunidad IEE:

Hace apenas unos días concluyó el 2017, un año más que se sumó a la historia de nuestra institución y de nosotros mismos. Seguro que en ese periodo hubo retos, logros y fracasos que nos dejaron enseñanzas, como suele pasar al hacer un recuento del ciclo que terminó.

Es de suponer que algún día en una época remota alguien clavó una varilla en la arena y se dio cuenta que la sombra que proyectaba el sol recorría un circulo completo; había nacido la medición del tiempo, ese que es, justamente, la materia prima con la que se fabrican las historias. A partir de allí surgen muchos dilemas al respecto: si la historia es cíclica o lineal; si es más importante el pasado o el futuro; pero indudablemente el dilema más importante es si la historia es accidental o tiene un sentido.

Para quienes creen que la historia es accidental, todo pasa por azar: por azar nacimos y por azar vivimos. Estamos arrojados al mundo como a un océano en la que marea nos mueve a su antojo: algunos logran llegar a buen puerto mientras otros terminan estrellados contra peñascos. ¿De qué depende? De la suerte. Para esta postura, el tiempo es un destructor, un asesino que tarde o temprano acabará por aniquilarnos.

Quienes, en cambio, creen que la historia tiene un sentido, están convencidos que tenemos un objetivo que cumplir, una meta que alcanzar, una misión que entregar. Bajo esta perspectiva el tiempo no es un destructor, sino un espacio de creación para confeccionar la mejor historia que podamos.

No hay discusión: la historia debe tener un sentido, pues todo lo que se mueve debe tener una meta a la cual moverse; si no existe esa meta o si es sólo morir, tendremos vacíos existenciales severos. Hay que buscar el objetivo más alto que podamos alcanzar y disfrutar las lecciones del camino.

Supongamos que tenemos dos bloques de mármol; uno está en bruto y el otro transformado en una escultura que reúne todos los atributos de la estética y la belleza. El primero sólo cambiará según la suerte: que le caiga un rayo y lo parta, o que acumule tierra y le nazcan algunas plantas. El segundo no obtuvo la belleza de la esencia sino de la forma, y esa forma no la obtuvo del mármol sino de la mente del artista que la forjó cincelada a cincelada. Pues bien; el mármol es la materia prima, es decir el tiempo (algunos tienen un bloque más grande que otros, es decir más tiempo, pero eso no afecta la belleza de la escultura), el escultor somos nosotros, las cinceladas los acontecimientos que forjan nuestra historia, y la pieza final es justamente la historia que logramos confeccionar a lo largo de nuestro vivir.

En este naciente 2018 hay que peregrinar para abonar cinceladas correctas en nuestro diario esculpir, también hay que resanar las que nos hayan desfigurado un poco la pieza para acercarnos a la gran obra que deberemos entregar al final. Si lo logramos, quienes estén con nosotros en ese trance podrán escribir en su diario: “al final se miró en el espejo de sus ojos, y en ellos contempló su alma, y amó lo que vio”… porque lograremos lo que todos buscamos: ser felices. Que sea la felicidad su elemento en este año y que lleguen las cinceladas correctas que abonen en nuestra historia personal, felicidades y bendiciones!

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