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COMUNICADO DEL RECTOR | JUNIO 2017

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"Con el último periodo escolar que inaugurará el gobierno federal actual también entrará en vigor el nuevo modelo educativo que ha acaparado los reflectores en los últimos meses".

Ciudad de México a 1 de junio de 2017

Con el último periodo escolar que inaugurará el gobierno federal actual también entrará en vigor el nuevo modelo educativo que ha acaparado los reflectores en los últimos meses. Esencialmente consiste en 5 ejes que tienen como objetivo formar a los niños para ser exitosos y son: (1) planteamiento curricular, que procure el desarrollo de aprendizajes clave para el desarrollo integral, incluye el desarrollo socio emocional; (2) la escuela al centro del sistema educativo, enfocándose en alcanzar el máximo logro de aprendizaje de los estudiantes; (3) formación y desarrollo profesional docente, que los comprometa con la mejora constante de su práctica y con el aprendizaje de sus alumnos; (4) inclusión y equidad, que elimine barreras de acceso, participación, permanencia, egreso y aprendizaje de todos los estudiantes; (5) y gobernanza del sistema educativo, que promueva la participación de distintos actores y sectores de la sociedad en el proceso educativo y la coordinación entre ellos.

Las ideas son buenas y es un proyecto ambicioso, sin embargo omiten un factor fundamental para lograr ese desarrollo integral y emocional del que habla el primer eje y que no se aprende en la escuela: la educación primera dada por la familia, que se centra precisamente en la socialización para que la escuela se enfoque en enseñar. Sin embargo múltiples factores impiden a las familias de hoy cumplir esa misión: la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y su igualación en muchos planos con los varones, la variabilidad en las relaciones de pareja, la reducción del número de miembros en la familia, entre otros, han delegado en la escuela la socialización del estudiante y otras demandas para las cuales no está preparada.

Y ante el eclipse en la función educativa de la familia y la incapacidad de la escuela para sustituirla, la educación televisiva y en los medios virtuales alcanzan un auge sorprendente ofreciendo los ejemplos y los modelos de sociedad que no atienden y en muchos casos contradicen lo enseñado en casa y en la escuela.

La formación familiar debe ser la base que se complemente con los saberes escolares, pero de ninguna manera pude ser sustituida. ¿Por qué? Porque nadie querrá al niño como su familia: no puede ser formado quien no se sabe amado. Educar es un arte difícil y delicado, integrado por un poco de ciencia, mucho de buen sentido y, sobre todo, mucho amor; es una tarea delicada porque precisa, al mismo tiempo, amor y desprendimiento, dulzura y firmeza, paciencia y decisión. Y estas cualidades se encuentran, o deberían encontrarse, primero en la familia.

La presencia o ausencia de los padres, su preocupación o despreocupación, su bajo o alto nivel cultural, su peor o mejor ejemplo, forman un legado educativo de gran trascendencia que entrega (y apoya) a la escuela seres encarrilados en un recorrido formativo que perdurará toda la vida. Recordemos tres cosas importantes: (1) que los hábitos se aprenden más fácilmente antes de la pubertad que después de ella; (2) que cada niño tiene su personalidad que lo hace diferente de cualquier otro, su genio propio, su misión irreemplazable sobre la tierra (es en la familia donde lo conocen perfectamente como individuo); (3) vivimos hoy en un mundo que no otorga los mejores ejemplos; si hubiera sólo personas de grandeza y buena voluntad pediríamos a nuestros hijos salir a la calle y hacer caso a quien les diera recomendaciones.

Por eso familia y escuela deben ser socios en la formación de la niñez; ninguna institución educativa podrá hacer el trabajo sola, si no cuenta con el compromiso responsable de los padres, a quienes encontramos siempre preocupados cuando se trata de la salud física de sus hijos y en cambio completamente despreocupados cuando se trata de su higiene mental y de su formación.

Se trata del aprendizaje de la libertad de modo progresivo; de forjar caracteres y conferir al niño el más alto de los señoríos: el señorío de sí mismo.

Salvador Leaños.

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