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COMUNICADO DEL RECTOR | MARZO 2018

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"Luego de la vorágine de campañas políticas, que en teoría no han empezado pero que en la práctica iniciaron hace meses y para no violar la norma llamaron pre-campañas, aqueja a la mayoría de ciudadanos una confusión por demás explicable..."

Ciudad de México a 1 de marzo de 2018

Estimada comunidad IEE:

En un programa infantil de televisión cultural enseñaban dónde era arriba y dónde abajo; también hicieron lo propio sobre derecha e izquierda y adelante y atrás.

Quedó muy bien explicado y podría suponerse que también entendido, pues los conceptos son muy claros. Parece tan fácil, pero no lo es.

Luego de la vorágine de campañas políticas, que en teoría no han empezado pero que en la práctica iniciaron hace meses y para no violar la norma llamaron pre-campañas, aqueja a la mayoría de ciudadanos una confusión por demás explicable; los partidos políticos, que se fundan, al menos en el papel, en ideologías claras, presentan candidatos que invitan más a duda que a certeza en materia ideológica.

Si analizamos los tres candidatos presidenciales ahora más visibles, tenemos al del partido en el poder que sin ser miembro es el abanderado y no sabemos si verlo como del partido o no. El de la ‘derecha’ representa a una coalición en la que parte de la llamada izquierda es del equipo. El que se autonombra ‘de izquierda’ también representa a una coalición con parte de una ultra derecha con tintes religiosos.

Pero eso no es todo. Expresidentes y miembros del senado del partido de la derecha se han pasado a la izquierda. Funcionarios públicos de la izquierda ahora buscarán puestos apoyados por la derecha y un éxodo de personas de reputación al menos dudosa, del partido en el poder, ahora son respetables integrantes de la disidencia ´de izquierda’ que dice luchar contra los vicios de una mafia de la que ellos formaron parte.

Su propia coordinadora de campaña (antigua militante e hija de un excandidato presidencial de la derecha que hoy milita en el bando contrario) explicó sobre una de esas incorporaciones: “…no tengo palabras para contestar”.

Dicen que los encargados de la publicidad engañosa venden imposibles, los ‘productos milagro’ que son capaces de resolver el problema más complicado de manera definitiva y rápida, como por arte de magia. Y no son pocas las personas que caen en el truco, convirtiendo a esa actividad en un negocio que factura millones de pesos. Los publicistas de los candidatos no son muy diferentes: cualquiera de ellos resolverá los problemas del país en dos patadas, aunque no tenemos claro el cómo; unos auténticos productos milagro.

Los publicistas de estos productos tienen como objetivo vender, sin importarles si el problema del cliente se resuelve. Los de los candidatos buscan ponerlos en el poder, sin preocuparse si resolverán los temas del país. Los propios personajes que buscan el poder han perdido la guía ideológica que en otros tiempos los diferenciaban.

Diríamos que pasamos de la época de la ideología a la de la ‘pragmatología’. Se trata de alcanzar el poder a como dé lugar.

Cuando escuchamos a alguien defender a capa y espada a alguno de los prospectos, no podemos sino sentir una especie de ternura. Tampoco se trata de criticar a diestra y siniestra, pero si plantear dudas reales sobre temas que nos afectarán, por ejemplo: cómo acabar con la corrupción cuando existe en todos los partidos como costumbre arraigada, o cómo arreglará el que gane las ideologías
enfrentadas que lo postularon para avanzar sin enfrentamientos y cómo resolverá el tema de la polarización social que dejarán las elecciones.

El descontento y desconcierto de la gente no es gratuito. El voto se gestiona más por fobias que por filias aunque la confusión no deja claro hacia dónde deben dirigirse unas y otras. No hay un panorama alentador: el futuro del país está en juego y parece que nadie está a la altura de las circunstancias. Ni los candidatos ni nosotros sabemos dónde es arriba y dónde abajo; tampoco cuál es la izquierda ni la derecha.

Pero lo peor es que no nos queda clara la diferencia entre progreso y retroceso: tan fácil que era saber dónde es adelante y dónde atrás.

Salvador Leaños

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