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COMUNICADO DEL RECTOR | MAYO 2018

"La importancia de tomar la decisión correcta en la justa proporción radica en que nuestro ser está definido justamente por las decisiones que tomamos, y que no son las mismas siempre sino que se ven modificadas por la circunstancia en la que se presentan."

Ciudad de México a 2 de mayo de 2018

Estimada comunidad IEE:

Entendemos a la libertad como la capacidad de elegir entre diversas opciones, no como omnipotencia. Es así que decidimos en libertad hacer algunas cosas y dejar de hacer otras, asunto de la mayor importancia considerando que la vida está llena de dilemas que parecen opuestos: ¿obediencia o rebeldía?; ¿unidad o libertad?; ¿criterio firme o apertura a la innovación?, por mencionar algunos.

La importancia de tomar la decisión correcta en la justa proporción radica en que nuestro ser está definido justamente por las decisiones que tomamos, y que no son las mismas siempre sino que se ven modificadas por la circunstancia en la que se presentan. Por eso la complejidad de nuestro comportamiento.

Cabe entonces otro dilema: ¿hacer por coacción o por convicción?, en el que se definen todos los demás. Muchas personas se mueven por coacción, es decir que por el miedo a un castigo o con la esperanza de un premio es como movemos nuestra voluntad hacia un lado u otro aunque no libremente.

Pero cuando aparece la convicción entonces la vida cambia. Se toman las decisiones y se hacen las cosas no sólo libremente sino porque se está convencido que es lo correcto, y en la propia decisión y en el propio acto está la recompensa misma. Se convierte en una opción vital, en una manera de enfrentar las problemáticas de la vida bajo una continuidad entre el pensamiento y las acciones; lo que conocemos como integridad. Es un estilo de vida.

 

En el Fedro, Platón nos platica el mito del carro alado, en el que un carruaje, que representa al alma, es jalado por dos caballos, uno blanco que es la prudencia, y otro negro que es la pasión. Cada uno de ellos quiere llevar al carruaje por diferentes caminos (un dilema más!), pero el auriga (conductor) que representa la razón, toma las riendas para mediar entre ambos caballos y conducir al vehículo hacia el mundo de las ideas en donde habita la verdad.

Nos toca, como seres humanos, mediar y decidir lo que nos acerque al deber ser de las cosas. Alinear ambos caballos con el carruaje es la misión del conductor, y cuando eso se logra cumplimos la tan difícil tarea de lograr la auto-posesión, que, como podemos ver, no es obra de la casualidad sino de nuestro carácter, por eso cuando planteamos si hacer por coacción o por convicción también hablamos de carácter: no únicamente vivir, sino cómo vivir.

Vemos en nuestra sociedad a muchas personas que eligieron sacrificar su libertad para dar paso a la coacción por medio de premios y castigos, pero también encontramos a quienes alcanzaron un grado de madurez que les permite ejercer esa libertad de buena manera y se mueven por convicción.

No es cosa menor. Si de todos modos debemos enfrentar las cargas que la vida plantea, hagámoslo con gusto, ya que nada puedes cambiar de la situación que se presenta, pero sí de la actitud con la que la enfrentas. No esperar a que te lo ordenen para hacerlo se llama proactividad; no temer el castigo ni esperar más premio que la acción misma y la satisfacción que ello brinda se llama nobleza; vivir una vida que sea la tuya por convicción se llama plenitud; de allí la importancia.

Salvador Leaños

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