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COMUNICADO DEL RECTOR |MAYO 2019

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"Sin embargo, a la sombra de los libros y los autores, han vivido los escolios y los escoliastas, que casi nadie conoce, a quienes pocos dan crédito, pero que han señalado una labor vital para la literatura y la intelectualidad".

Mazatlán, Sin. a 2 de mayo de 2019

Estimada comunidad IEE:

Fue en 1995 cuando en una reunión de la UNESCO se aceptó la petición de la Unión Internacional de Editores y así nació el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Se designó para el festejo el 23 de abril, pues se considera que ese día de 1616 murieron el máximo representante de las letras españolas, Miguel de Cervantes Saavedra, y el máximo representante de la literatura inglesa, William Shakespeare.

Además, el mismo día habría fallecido Garcilaso de la Vega, escritor e historiador peruano apodado ‘el Inca’. La fecha mantiene polémica porque se dice que Cervantes falleció el 22 pero fue enterrado el 23 y en el siglo XVI esa era la fecha que se anotaba; Shakespeare sí falleció el 23 de abril pero del calendario juliano, no del gregoriano, lo que vendría a ser el 3 de mayo nuestro. Garcilaso tampoco está exento de inexactitudes y datan su fallecimiento el 22, 23, ó 24 de abril.

Más allá de los equívocos que pudieran existir, la proximidad de los días y el hecho de que todos fueran en el mismo año, fue motivo suficiente para que la fecha tenga sentido. Y ese día, en todo el mundo, se realizan ferias de libros, sesiones de lectura, conferencias y muchas actividades más con el afán de promover la lectura, cosa por demás recomendable. Así que hace un par de semanas escuchamos recuentos, resúmenes, anécdotas, historias y demás sobre escritores y sobre literatura para la conmemoración mencionada.

 

 

 

 

Sin embargo, a la sombra de los libros y los autores, han vivido los escolios y los escoliastas, que casi nadie conoce, a quienes pocos dan crédito, pero que han señalado una labor vital para la literatura y la intelectualidad. Escolio no es una palabra ni conocida ni usada; su procedencia griega y latina (scholium) nos dice que significa comentario. En rigor, es un comentario acotado que solía escribirse en los márgenes de un manuscrito para explicar, aclarar o ampliar la idea del autor.

Recordemos que anteriormente los libros se copiaban a mano, labor de amanuenses o copistas, que debían ser lectores y por ende cultos, y que en ocasiones se explayaban tanto en sus escolios que la prudencia aconsejaba ofrecerles a esas notas un libro aparte. De sobra está decir que los escolios contienen información que no se encuentra en otro sitio, y que son de considerable valor para la corrección e interpretación de un texto.

Se atribuye a Dídimo de Alejandría ser el precursor del arte de compilar escolios; hasta cuatro mil habrían llegado a ser sus escolios antologizados y a la vez comentados. También hay que mencionar a Eustacio de Tesalónica y a Juan Tzetes.

Hacia el fin de la Edad Media surgieron escuelas de escoliastas que presumían prestar los servicios más eruditos a los potenciales lectores. La tarea de los laboriosos escoliastas empezó a ganar respeto luego de ser por siglos anónima e ignorada.

Don Julio Irazusta, por ejemplo, llegó a comprar dos ejemplares de cada libro, uno para conservarlo pulcramente en su biblioteca, y otro para ser rayado, comentado y ampliado. Se decía de Samuel Coleridge, que sus escolios eran tan valorados, que sus amigos le pedían que les comentara el libro antes de leerlo.

Escolios o marginalias famosos se han hallado en Edgar Allan Poe, en Voltaire, y en sir Walter Raleigh. El teorema de Femat fue escrito por su autor en el margen de la Arithmetica de Diofanto, y los poemas de John Bethune fueron estampados en los libros ajenos que pedía prestados, porque no tenía más papel.

Y aunque suena ser una actividad añeja, diremos que hay en la actualidad programas de e-books que permiten agregar escolios. Más que ser de ayer o de hoy, la clave está en saber enunciar de manera breve, sentenciosa e ingeniosa los comentarios. Vaya un reconocimiento también para esa labor que exige una erudición y experiencia notables, pues sólo se arriba al instante de síntesis perfecta cuando se ha llevado una vida de análisis paciente.

Salvador Leaños

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