Inicio | Comunicado del rector | COMUNICADO DEL RECTOR |NOVIEMBRE 2018

COMUNICADO DEL RECTOR |NOVIEMBRE 2018

Rector_IEE_Comunicado
"Cuando Sócrates, considerado el hombre más sabio de Grecia, dijo ‘sólo sé que no sé nada’, se refería a la contingencia humana y a la imposibilidad de saberlo todo, pues entre más cosas se conocen, más nos damos cuenta que hay otras muchas que nunca conoceremos".

Guadalajara, Jalisco a 1 de noviembre de 2018

Estimada comunidad IEE:

¿El que nos llamen ignorantes es realmente una ofensa grave? La pregunta toma un relieve especial si consideramos que somos una comunidad académica. ¿Pudiera darse el caso que a mayor estudio, mayor ignorancia? Si bien es cierto que ignorar es desconocer algo, no necesariamente representa una cuestión negativa. Tratemos de explicar, al menos, tres tipos de ignorancia, que llamaremos (1) docta, (2) culpable, y (3) culta.

Cuando Sócrates, considerado el hombre más sabio de Grecia, dijo ‘sólo sé que no sé nada’, se refería a la contingencia humana y a la imposibilidad de saberlo todo, pues entre más cosas se conocen, más nos damos cuenta que hay otras muchas que nunca conoceremos. Es estar consciente de nuestras propias limitaciones y de nuestro saber limitado: un saber que reconoce al no saber. Centurias después Nicolás de Cusa (Italia 1401-1464) publica su obra De Docta Ignorantia donde retoma la idea socrática y aclara que la ignorancia de una mente finita ante un saber infinito no es por indiferencia, sino el simple reconocimiento docto e instruido de lo que no sabemos y que nos impulsa a seguir buscando. Esta es la ignorancia docta, la de las personas intelectualmente exigentes pero humildes que procuran que sus palabras sean mejores que su silencio.

Si fuera por indiferencia, entonces tenemos la que definimos como culpable, porque los que la padecen se cierran el acceso al conocimiento. Vale la pena diferenciar la ignorancia invencible donde hay una imposibilidad en el entendimiento, no en la voluntad. La culpable se refiere no sólo a no esforzarse para aprender, sino a ignorar y pretender que se sabe; son aquellos que hablan de lo que no saben pues lo que saben no merece la pena comentarse. Con apenas la noción de un tema pretenden desarrollar todo un tratado adoptando aires intelectuales y poses académicas. Es la ignorancia del necio.

Finalmente existe una ignorancia culta. No es docta porque no se refiere a saberes importantes y trascendentales, sino al desconocimiento de cosas totalmente prescindibles, baladíes y aun embrutecedoras. Se refiere a no ocuparte del conocimiento chatarra que fluye en cantidades industriales por todos los medios: espectáculos, deportes, redes sociales, que al igual que la comida chatarra, llena pero no alimenta; ocupa el pensamiento pero no invita a la reflexión. Hay ignorancias que enriquecen la mente y dichoso aquel que las conserva intactas a pesar de las presiones sociales. Aplicarnos seriamente a lo que es serio, y no a lo que no lo es, escribió Platón.

Es cierto que no tener información para hablar de muchos temas de actualidad, aunque sean intrascendentes, elimina de golpe a muchísimos interlocutores posibles, pero es un filtro siempre importante para conectar con quienes tienen mejores alcances intelectuales. Claro que serán pocos, pero mejor atender a la verdad en soledad que al error en compañía.

Conocer la realidad por sus causas, las cosas por sus esencias y los hechos bajo su significación, desemboca en un modo de ignorar propio de hombres cultos, que no prestan atención a las modas, a lo superfluo, a lo complementario, pero que están siempre atentos a lo sustancial. Así pues, hay ignorancias que le hacen bien a la mente y conocimientos que la empobrecen.

Salvador Leaños

SOLICITA INFORMACIÓN
Recomienda