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COMUNICADO DEL RECTOR | SEPTIEMBRE 2017

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"...En la medida que la cultura se eleve y logre alinear a la educación y civilidad de manera clara y fuerte, podremos lograr un verdadero progreso; no el que permite a los pueblos simplemente sobrevivir, sino alcanzar en cada uno de sus integrantes una vida plena: culta, educada, civilizada."

Mérida, Yucatán a 1 de septiembre de 2017

Es común escuchar que una empresa u organización tiene una cultura corporativa que define su forma de ser. Sin embargo no es común escuchar que esa misma organización tenga una ‘civilización corporativa’, poniendo en claro que no son sinónimos pero que alguna relación guardan.

Cuando se aplica el término a una persona física, algunos confunden entre cultura y civilización pero añaden un tercer elemento: educación. Les parece igual o similar decir que una persona es culta, civilizada (civilidad), o educada, así que vale la pena diferenciar los términos; empecemos por separar cultura de civilización.

La cultura es un producto de ‘sabiduría’ social mientras que la civilización es un producto de la ‘edad’ o experiencia social. Podríamos decir que como procesos históricos la cultura y civilización representan respectivamente la mente y la voluntad, la inteligencia y la conciencia de la sociedad actuante. Como producto la cultura es un mapa para la mente, un orden de las ideas y la civilización es un plan para la vida, un orden entre personas y cosas; la cultura brota de vida contemplativa y la civilización de la activa, por eso la primera es anterior a la segunda y guardan una estrecha relación: en la tarea especulativa de ordenar ideas invisibles, ninguna ciudad ha tenido tanto éxito como Atenas, mientras que en el negocio práctico de arreglar las cosas visibles, el genio de Roma fue único, más no olvidemos que Roma abrevó de Grecia su cultura y la puso en práctica en su inigualable civilización.

 

 

 

El tercer término es educación, que es un camino para la cultura y la civilidad, que permite al hombre entender la vida, descubrir quién es, cuál es su procedencia y su fin, al tiempo que hereda su legado de cultura y civilización para que la mejore y cada pueblo progrese de generación en generación. Los patricios romanos enviaban a sus hijos a educarse a Grecia o traían maestros de allá para tal efecto; una cultura superior engendra civilizaciones sólidas por medio de su educación.

Educar no es únicamente dar saberes técnicos para lograr un empleo y ganar dinero así como progresar no significa sólo mejorar el ingreso per cápita, eliminar la pobreza o satisfacer necesidades básicas. La educación es el medio de progreso, entendido como ser más humanos, reflexionar sobre nuestro ser, responsabilizarnos de nuestra vida y nuestro futuro y, en  fin, construir un mundo mejor.

La confusión estriba en que cultura, civilización y educación se consideran más como productos que como procesos, más como profesiones para seguir que como experiencias personales para vivir, más como medio de alcanzar fortuna que como verdaderas fuentes de felicidad. Cuando surge la Universidad en la Edad Media, el sistema propugnaba por acercar al hombre a su felicidad bajo un sistema de formación del ser humano en tres aspectos, inteligencia, conciencia y gusto: la inteligencia, que busca la felicidad por la verdad; la conciencia que busca la felicidad por lo que es bueno; el gusto que también busca la felicidad por lo que es bello. La manifestación de los tres aspectos mencionados son respectivamente, equilibrio, reposo, y armonía,  síntoma de pueblos cultos, civilizados, y educados.

Cuando se pierde el sentido de lo anterior, tenemos el fenómeno de una educación que no atiende a la civilidad ni a la cultura, de manera que encontramos egresados de los máximos niveles del sistema educativo que son incultos y poco aportan a la civilidad. En cambio hay personas que sin ir a la escuela tienen elevados niveles de cultura; ya lo decía Chesterton: “¡qué cultos son estos analfabetas!”

En la medida que la cultura se eleve y logre alinear a la educación y civilidad de manera clara y fuerte, podremos lograr un verdadero progreso; no el que permite a los pueblos simplemente sobrevivir, sino alcanzar en cada uno de sus integrantes una vida plena: culta, educada, civilizada.

Salvador Leaños.

 

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