Inicio | Comunicado del rector | COMUNICADO DEL RECTOR |SEPTIEMBRE 2018

COMUNICADO DEL RECTOR |SEPTIEMBRE 2018

Rector_IEE_Comunicado
"Ahora es tiempo de lograr una reforma en nuestro carácter y darle la oportunidad a la otra cara de la moneda, a la de nuestra justa valía y de esa grandeza que sabemos demostrar; el mes de la patria es un buen motivo para mostrar un temperamento nacional diferente; México lo reclama y lo merece, que así sea."

Ciudad de México a 3 de septiembre de 2018

Estimada comunidad IEE:

Después de concluida la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera, los gobiernos pretendieron imbuir en la sociedad una idea de mexicanidad que fuera nuestra alma nacional: ser mexicano es algo para celebrarse. Por eso fue recibido con tantas reservas, en 1934, el libro El perfil del hombre y la cultura en México, de Samuel Ramos, uno de los primeros estudios que tomó a la circunstancia y al hombre mexicano como el objeto de un estudio filosófico.

Y fue controversial, aun entre los intelectuales (la mayoría beneficiarios del mecenazgo oficial), porque contraviniendo al optimismo institucional nos explica que ‘una cultura está condicionada por cierta estructura mental del hombre y los accidentes de su historia’, que en nuestro caso deriva en un sentimiento de inferioridad, aunque aclara que no es real, sino un error de autopercepción.

Algunos años después, en 1950, Octavio Paz publica El laberinto de la soledad, en el que también intenta encontrar una identidad para los mexicanos; su conclusión no es muy diferente a la de Ramos: los acontecimientos históricos tienen una influencia significativa en los sentimientos de pesimismo e impotencia que predominan en la mentalidad mexicana. Ello nos da como consecuencia dos actitudes según Paz: el chingón y el agachado, ambos con sentimiento de inferioridad y contradictorios entre sí, aunque también los hay que tienen una conciencia clara de su propia valía, los que no necesitan una personalidad ficticia y asumen su realidad.

Y no es que nos atrevamos a corregirle la plana a un premio nobel de literatura, acaso sólo señalar que las actitudes que señala no son necesariamente dos o tres personas. Son actitudes que subsisten dentro de cada uno de nosotros y se manifiestan en diferentes momentos. Así podemos explicar que no respetemos la ley y nos burlemos de los gobernantes, pero que en un momento de crisis nacional, como en los sismos, nos levantemos como un solo hombre para apoyar a las propias autoridades; que tengamos por deporte nacional mentarle la madre a quien se nos atraviese, pero una devoción casi religiosa para el 10 de mayo, día de todas las madrecitas; que seamos los bravucones del ‘¿qué me ves?’, pero también los amables del ‘esta es su casa’; que reneguemos de nuestra herencia española, pero que amemos los caballos, las guitarras, los sarapes y la charrería, que tienen un signo indeleble de la península hispánica; que recurramos al soborno para no pagar una multa, pero contribuyamos generosamente en donaciones para ‘los más necesitados’; que defendamos públicamente a los indígenas pero nos sean indiferentes cuando nos topamos con ellos; que exijamos triunfos a la selección nacional de futbol, pero que en nuestra vida personal no tengamos ninguno.

Estas contradicciones personales se manifiestan en la sociedad donde hemos tenido grandes sinvergüenzas y grandes gobernantes; escuelitas rurales y ciudades universitarias; ateísmo oficial y grandes peregrinaciones guadalupanas y marianas en general; vías ultramodernas de comunicación y senderos perdidos en la montaña; aglomeraciones urbanas y campos vacíos; aumento del número de escuelas y disminución de los saberes. Así es nuestro México, paradójico y enigmático, cruel y solidario, cariñoso y agresivo, pecador y penitente, humilde y altanero, lleno de música y de balazos, de miseria y de opulencia, de mezquindad y de grandeza.

Debemos ser un país muy poderoso porque sobrevivimos a nosotros mismos y a ese sentimiento de inferioridad. Ahora es tiempo de lograr una reforma en nuestro carácter y darle la oportunidad a la otra cara de la moneda, a la de nuestra justa valía y de esa grandeza que sabemos demostrar; el mes de la patria es un buen motivo para mostrar un temperamento nacional diferente; México lo reclama y lo merece, que así sea.

 
Salvador Leaños

SOLICITA INFORMACIÓN
Recomienda