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COMUNICADO DEL RECTOR |JUNIO 2019

"A los pensamientos siguen las palabras y a ellas los actos; será mejor corregir desde el origen un pensamiento que después intentar hacerlo con un acto".

Estimada comunidad IEE:

Su nombre original es “The professor and the madman” (El profesor y el loco), pero a México llegó hace un par de meses bajo el título de “Entre la razón y la locura’, película estelarizada por Mel Gibson y Sean Penn que trata sobre la labor de recopilación de palabras para elaborar la primera edición del Diccionario Oxford de la Lengua Inglesa a mediados del siglo XIX. El filólogo, lexicógrafo autodidacta e investigador James Murray (Gibson) es el coordinador de los trabajos y recibe una invaluable ayuda de William C. Minor (Penn), un exmilitar, lector compulsivo, pero además esquizofrénico, que envía sus colaboraciones desde un asilo psiquiátrico; sin embargo, a pesar de su trastorno mental, entiende el valor de las palabras. ‘He llegado hasta el fin del mundo sobre las alas de las palabras’, dice en un diálogo en el que quita importancia a su encierro, para afirmar después que la lectura cura su delirio: ‘Cuando leo dejan de perseguirme y yo soy el que persigo: cuando leo persigo a Dios’.

No sabemos si algún día llegará a las pantallas una cinta sobre lo que al idioma español se refiere, pues su estudio y regulación fue anterior al inglés. La Gramática de la Lengua Castellana de Antonio de Nebrija fue la primera de una lengua romance (1492), y el Tesoro de la Lengua Castellana o Española (1605) el primer diccionario de nuestro idioma, elaborado por Sebastián de Cobarrubias, capellán del rey Felipe II y canónigo de la catedral de Cuenca, pero además hombre de letras y vasta cultura, quien en sus ratos libres escribía su obra para terminarla cinco años después.

Además de complejo y laborioso, recopilar las palabras para el diccionario de un idioma debe ser apasionante: enlistar los términos de uso cotidiano y popular que representan objetos, acciones, conceptos, ideas, sentimientos, etc. y tratar de definirlos con la mayor exactitud posible empleando el mismo instrumento, es decir, se trata de explicar palabras con otras palabras. Si una expresión no es muy usada, difícilmente entrará en el diccionario o saldrá de allí si había logrado colarse. Y otras nuevas irán engrosando el léxico, haciendo del idioma algo vivo y en constante movimiento.

 

Otro gran hombre de letras y pilar del idioma español, Francisco de Quevedo, inventó un verbo que por desgracia no ingresó al diccionario: ‘deshombrecer’. Significa quitarle a alguien su dignidad de hombre, de persona humana. Considerar al hombre como una máquina para trabajar, o para digerir alimentos es ‘deshombrecerlo’; también el que hace al hombre esclavo de sus semejantes o de sus bajos apetitos, lo ‘deshombrece’, pero también se ‘deshombrece’ él mismo, pues se envilece y se priva de toda humanidad.

Para evitar lo anterior, parece claro que al hombre debemos ‘hombrecerlo’, y para ello es indispensable que dentro de cada uno nazcan pensamientos que aspiren a lograr ser humanos plenos. El pensamiento que se exterioriza produce cultura, el que se interioriza, carácter. El carácter está hecho por la clase de pensamientos que un hombre genera cuando medita en soledad, y una civilización está hecha por la clase de pensamientos que un hombre expresa a sus vecinos.

El proceso de ser humano, entonces, inicia en el fuero interno de cada quien, en sus pensamientos, con la influencia de las personas más cercanas, como son madres y docentes, recién festejados, y los padres de familia que ahora celebrarán su día. Tener ideales de persona humana es el objetivo. Aunque la palabra de Quevedo no existe en el diccionario, la idea y el acto existen; si evitamos ‘deshombrecer’ desde la formación, nos ahorraremos problemas posteriores. A los pensamientos siguen las palabras y a ellas los actos; será mejor corregir desde el origen un pensamiento que
después intentar hacerlo con un acto. Cuando ya es demasiado tarde para encarcelar un mal pensamiento, entonces debe hacerse con una persona ‘deshombrecida’.

Salvador Leaños

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