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COMUNICADO DEL RECTOR |OCTUBRE 2019

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"Olvidamos que más que necesidades prácticas, el ser humano tiene otras más profundas y anteriores, justamente dadas desde su perspectiva humana".

Ciudad de México a 1 de octubre de 2019

Estimada comunidad IEE:

Actualmente la filosofía parece no tener aplicaciones prácticas, es sólo un saber especulativo que poco abona en nuestras necesidades. Y es que desde hace lustros estamos envueltos en una forma de pensar, de actuar, de hacer política, de educar, que gira en torno a los saberes técnicos de manera exclusiva. Olvidamos que más que necesidades prácticas, el ser humano tiene otras más profundas y anteriores, justamente dadas desde su perspectiva humana.

Para dos de los más altos referentes del pensamiento griego, que nutrió al mundo occidental, Platón y Aristóteles, la filosofía aborda lo que es; la tarea de la filosofía es explicar la realidad. Y para ambos pensadores esta explicación sólo es posible si logramos descubrir ciertos puntos estables y necesarios dentro de un mundo inestable y fugaz. Y así se ordenó el pensamiento y con él, el mundo.

Vendrá luego el escepticismo de Pirrón de Elis que duda de cualquier punto estable y necesario y funda una doctrina que no propone nada en concreto, pero sí ataca todo lo que está constituido. En adelante las escuelas de pensamiento se dividirán entre los que proponen esos puntos estables y necesarios para construir desde y hacia ellos, civilización, y los que plantean todo desde perspectivas subjetivas porque niegan rotundamente la existencia de dichos asideros o anclas intelectuales. 

 

 

En el mes de septiembre se publicaron dos columnas de opinión en la prensa nacional, en las que los autores se quejan con justa razón de la desconfianza que reina en nuestro país. “En resumen, en México todos debemos cuidarnos de todos, todo el tiempo”, dice Jorge Volpi en Reforma (14 de septiembre), para añadir que la desconfianza es la regla esencial en las relaciones de nuestro país: “imposible creer que la persona con quien estás a punto de cerrar un trato o un negocio, con quien estás por establecer un acuerdo político o una alianza, o a la cual contratarás o le comprarás bienes o servicios, no esté intentando hacerte trampa de algún modo”.

Javier Risco en El Financiero (17 de septiembre) añade que antes no era así nuestra cultura, que se hacían tratos a la palabra y que teníamos confianza en el otro de facto, sin que mediara ley; era confianza de hecho, no de derecho pues. Pero algo pasó, las cosas cambiaron y “hoy no tiene ningún valor la palabra, incluso aquel que confía en ella es criticado por güey, ‘¿cómo es que confiaste en el mecánico?’, ‘¿a poco le creíste al que te vendió el terreno sin firmarle nada?’”.

Y podríamos completar la visión de los periodistas con otros temas. La desconfianza no se ejercita únicamente entre nosotros, sino de nosotros a las instituciones y también de ellas hacia nosotros bajo los mismos argumentos de corrupción, ‘gandallismo’ y otras linduras. Pero todavía hay más: no hay confianza ni siquiera en nosotros mismos (nos referimos a una persona en ella misma), de allí los cursos y consultas de auto-ayuda que generan pingües ganancias.

Ahora entendemos que la filosofía sí tiene que ver en nuestra vida práctica, y que el escepticismo domina en sociedades que pierden ese asidero que mencionaban los griegos y que constituye un norte en nuestro actuar. Ahora nos queda más claro que el estado de las cosas actual resultó de quitar durante tanto tiempo de la educación, del gobierno y de la sociedad disciplinas como la ética, que son las normas de hecho, no de derecho, que rigen nuestra conducta en cualquier ámbito de la vida.

Y cuando la Encuesta Nacional de Ciencia y Tecnología, elaborada por la UNAM (2015), nos dice que los mexicanos tienen más confianza en los horóscopos que en la ciencia, sentimos que estamos cerca de tocar fondo. Es momento de regresar a esos puntos estables y necesarios que la filosofía plantea y cuyo mejor ejemplo es la ética, que, como dijera Vasconcelos, implica el estudio de una norma impuesta a lo que en la vida es suelto, desgobernado, caótico, a efecto de convertirlo a propósito en aspiración redentora.

Salvador Leaños

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